Diosdado, el poder detrás del poder en Venezuela

Diosdado, el poder detrás del poder en Venezuela

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La última vez que se vio al presidente Hugo Chávez con vida fue el 8 de diciembre del 2012, cuando anunció que se sometería a otra operación para tratarse del cáncer. Ese día, precavido ante un funesto desenlace –que terminaría por ocurrir el 5 de marzo del 2013–, escogió como ‘delfín’ a Nicolás Maduro para continuar con la revolución bolivariana. Por un momento, Venezuela creyó que el testigo del relevo recaería sobre el otro hombre a su lado, el único que además de Maduro compartió con el ‘comandante Presidente’ la escena de aquella despedida: Diosdado Cabello.

Por:  VALENTINA LARES MARTIZ / El Tiempo de Colombia

Han pasado dos años y el cuadro, aun con Chávez físicamente ausente, sigue resumiendo el poder en Venezuela. Maduro, como presidente de la República, comparte prácticamente a partes iguales la gobernanza revolucionaria con Cabello, actual presidente de la Asamblea Nacional y primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Un doblete en el que Cabello aporta una tremenda influencia en el aparato de gobierno que se originó en su condición de militar, y mantuvo a través del tiempo en forma de una red que controla áreas fundamentales del funcionamiento del país.

Para Cabello, todo comenzó pisando los 21 años –hoy tiene 52– al conocer al entonces capitán Hugo Chávez, comandante del cuarto año del curso militar y director de deportes de la Academia Militar, quien para la época comenzaba a hacerse famoso por su don de mando y de palabra. Aunque Cabello no era del cuarto curso, la mediación de un compañero le consiguió el espacio para participar en el grupo de ‘pupilos’ de Chávez que a la postre participarían con él en el fallido golpe de Estado del 4 de febrero de 1992.

Y demostró Cabello ser un alumno aventajado tanto para la Fuerza Armada Nacional (FAN) como para la conspiración. En 1987, se graduó como licenciado en Ciencias Militares como el segundo mejor dentro de una promoción de 171 soldados (un viejo reportaje de El Universal asegura que tiene uno de los cinco mejores coeficientes intelectuales en la historia de la FAN) y para el intento de golpe fue encargado nada menos que de las antenas que garantizarían la comunicación entre los alzados, pero que nunca funcionaron.

Entre idas y venidas, tratando de coordinar el ingreso de cuatro tanques al Palacio de Miraflores a bordo de un Ford Montecarlo, cuenta el propio Cabello en una entrevista que la noche del golpe terminó apresado, con el carro abaleado y pagando 22 meses de cárcel. Junto con Cabello, al menos otros 50 miembros de su promoción de graduación participaron en el golpe.

Al salir de la cárcel y de la FAN, Cabello se dedicó con éxito a la vida civil. Estudió Ingeniería de Sistemas en un instituto militar e hizo un posgrado de Gerencia de Proyectos en la Universidad Católica, en Caracas. En menos de cinco años, hilaba una carrera fructífera como asesor de telecomunicaciones hasta que el teniente coronel Chávez, perdonado y liberado de prisión por el presidente Rafael Caldera, comenzó a recorrer Venezuela buscando convertirse en una opción política viable para las elecciones presidenciales de 1998.

Regreso al redil

Convencido por su esposa –según él mismo revela en otra entrevista–, se reencontró con Chávez para nunca más dejar de acompañarlo. Inteligente y hábil, en poco tiempo se convirtió en uno de los operadores políticos que ayudaron a construir el primer partido del gobierno revolucionario –el Movimiento Quinta República– y, un poco más adelante, también el tejido de altos funcionarios que llevarían adelante las labores de gobierno.

Para ello, sugirió y logró el posicionamiento de muchos miembros de su promoción militar e incluso de su familia. “La intrincada red de poder que el hombre fuerte del PSUV (Cabello) ha construido dentro del Estado está cimentada, en buena medida, en esa ascendencia sobre sus excompañeros de armas y en la cuidadosa colocación de hombres afines en áreas estratégicas del gobierno”, escribió en el 2013 la periodista Fabiola Zerpa, en el diario El Nacional.

Su paso por la Vicepresidencia de la República (entre el 2001 y el 2002) fue fundamental para la creación de semejante red, sobre todo tras el intento de golpe de Estado que sacó al presidente Chávez del poder día y medio.

Con el fracaso de la conspiración, fue durante algunas horas –quizá las más frágiles de la institucionalidad venezolana en los últimos 20 años– el presidente encargado que ordenó el rescate y restitución de Chávez, lo que selló la confianza del mandatario.

Su paso por este cargo y luego por el de ministro de la Secretaría de la Presidencia (unos meses del 2002), luego por el de ministro de Interior (2002-2003) y, después, de Infraestructura (2003-2004) lo tuvo siempre dentro de la crema del poder, llegando a la cúspide como gobernador del estado Miranda –uno de los estados más poblados y políticamente importantes del país– entre el 2004 y el 2008.

Junto a Nicolás Maduro y Elías Jaua, estuvo siempre dentro del círculo más íntimo de poder del ‘comandante’, incluso a pesar de las reticencias que tiene ante la estrecha relación entre la revolución bolivariana y los hermanos Fidel y Raúl Castro.

Pero a cada escalón ganado crecieron denuncias de tráfico de influencias y corrupción. Dentro de las propias filas revolucionarias se resintió que contara con colaboradores clave en las áreas de vivienda, vialidad, importaciones, distribución de alimentos –casi todos miembros de su promoción militar–, en el corazón mismo del sistema de distribución de divisas, del cual su amigo personal y exasistente Manuel Barroso fue presidente durante años; y en la recaudación de impuestos y control de aduanas, con su hermano José David Cabello a la cabeza. Empezó, de pronto, a oler demasiado a negocio y dinero hasta el punto de ser bautizado por algunos compañeros de su partido como el representante de la “derecha endógena” de la revolución.

¿Banquero?

Despachos de WikiLeaks y algunas investigaciones de la prensa local revelan que Cabello, a través de testaferros –Ricardo Fernández Berrueco, Arné Chacón y Fernando Torres Ciliberto, hoy todos prófugos o rindiendo cuentas ante la justicia–, compró bancos pequeños.

También al finalizar su período en la gobernación –que perdió contra el opositor Henrique Capriles– cundieron acusaciones bastante bien sustentadas sobre manejo incorrecto de los recursos, las cuales incluso llegaron a la Fiscalía. De hecho, un legajo documental de 17 denuncias que se conocen como el ‘expediente negro de Miranda’ concluye que bajo su administración hubo algún tipo de usufructo de 480 millones de bolívares, que para la época representaban unos 223 millones de dólares. Remodelaciones nunca terminadas, vehículos pagados varias veces y compra de terrenos o inmuebles con sobreprecio son algunas de las acusaciones en contra de su gestión.

“Cabello, a pesar de su lealtad (…), no solo es incómodo para Chávez; también lo es para algunos diputados y funcionarios que no comparten su amor al poder”, opinaba en el 2012 el columnista Nelson Lanz, en el portal prochavista Aporrea.

Más información en El Tiempo.

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