Judith Sukerman: Golpe al bolsillo

Judith Sukerman: Golpe al bolsillo

thumbnailjudithsukermanEl 2016 nos madrugó a los valencianos, con una preocupación adicional ¿cómo hacer para pagar el aumento del impuesto inmobiliario, cuyo incremento no guarda ninguna relación con la capacidad de pago de los ciudadanos?
En una sesión, celebrada el 29 de Diciembre del 2015 fue aprobada la reforma de la ordenanza que significa aumentos que van desde el mil por ciento y hasta el tres mil por ciento en el impuesto inmobiliario que preveía la ordenanza del año 2010.

Es una verdad tan grande como un templo, que a nadie le gusta pagar impuestos, pero la sociedad acepta racionalmente, que los tributos son un instrumento que sirve para costear políticas públicas, servicios y obras a beneficio de la comunidad y que manejados con honestidad y equilibrio son además un mecanismo eficaz y justo para la redistribución de las riquezas. En este sentido, todos quienes tenemos conciencia colectiva, estamos dispuestos a aumentar nuestra contribución al fisco en épocas de crisis y dificultades, pero el crecimiento de los impuestos debe siempre guardar una relación con la capacidad contributiva de los vecinos.

En Venezuela ya habíamos tenido amenazas de aumentos exorbitantes, aunque nunca tanto como el que hoy sufrimos los valencianos. El 8 de septiembre del 2015 fue publicada en la Gaceta Oficial del Estado Vargas, un aumento del novecientos por ciento del impuesto de salida del país a través del aeropuerto de Maiquetía, pasándolo de 600 Bolívares a 5100, sin embargo y motivado a la presión pública, los legisladores del Estado Vargas se vieron obligados a reformar esa medida, antes de su entrada en vigencia.





Como todos los ciudadanos del mundo, los valencianos hubiésemos deseado que se nos explicara previamente para que se usaría el dinero que se va a recaudar con este incremento feroz, que se nos diera garantía de que su empleo será de acuerdo a las necesidades más sentidas y no al capricho de los administradores públicos. Nos gustaría tener la certeza de que se gastarán con prudencia, en áreas prioritarias y sobre todo que se rinda cuenta de ellos, que se explique con transparencia su destino final, más en estos tiempos de tantas dificultades económicas que estamos atravesando.
El aumento es tan alto, que lo hace impagable para algunas personas, sobre todo para aquellos de los sectores más humildes de nuestra población. Sin obviar, que el incremento mayor se tipificó para inmuebles de uso comercial e industrial, golpeando una vez más a los valientes empresarios que todavía están “guapeando” en este desastre económico que nos afecta a todos.

En días pasados me decía la propietaria de un inmueble ubicado al sur de la ciudad, específicamente en Parque Valencia, que gana salario mínimo y es, como la gran mayoría de las mujeres de este país, sostén de hogar “..yo no tengo ni para completar un mercado, ¿con qué voy a pagar el impuesto de mi casa?” Parece que quien propuso la reforma tributaria, no conoce esa realidad, ni comprende que si no hay pago no habrá recaudación
Somos del criterio que si no se frena el gasto público, este aumento de impuestos será inútil. Los aumentos tributarios deben venir acompañados de una política fiscal complementaria, responsable y minuciosa, que lo haga eficiente.

Creemos también, que había otras opciones para financiar el presupuesto más alto que ha tenido Valencia en su historia, sin golpear de esa manera tan ruda los bolsillos de nuestros vecinos. Por ello en los próximos días presentaremos a los valencianos, y a la cámara municipal, una propuesta de reforma a esa ordenanza.

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