El secuestro de nuestro cada día, por Judith Sukerman

El secuestro de nuestro cada día, por Judith Sukerman

thumbnailjudithsukermanEl hecho de privar a una persona de su libertad, para luego pedir un rescate por ella, es una de las pocas industrias que viene prosperando en la Venezuela socialista y revolucionaria.

Dentro de la creciente ola de delitos que azota a nuestro país y en especial a Valencia, séptima ciudad más violenta del mundo, el secuestro es de las modalidades delictivas que mayor crecimiento ha tenido en estos últimos tiempos. En menos de quince días se han conocido más de veinte casos, solo en la parroquia San José del municipio capital del Estado Carabobo, sin contar las llamadas cifras negras de aquellos que por temor prefieren ni hablar del tema

La política económica que ha marginalizado al país y la ausencia de planes efectivos de seguridad, ha derivado en una inocultable oleada de secuestros inédita en nuestra ciudad. Este delito, nos castiga a todos, aún a quienes por gracia divina, no hemos sido víctima directa de esa aterradora experiencia, puesto que nos convierte en una comunidad atemorizada, que vive al acecho, procurando saber de quién debe cuidarse y en cual espacio puede sentirse seguro.





Está comprobado científicamente que el secuestro genera un trauma psicosocial que afecta el desarrollo constructivo del colectivo, al desestructurar las relaciones sociales, haciendo que cada vez más los individuos se centren en su propio mundo, en su entorno privado, entendiendo al país y lo público como algo de lo cual hay que protegerse.

Pero si ese aislamiento, el miedo generalizado, la desesperanza y la situación de impotencia frente a lo que acontece no fuera suficiente, se suma el hecho de que los valencianos nos encontramos absolutamente solos, nuestros gobernantes nos han desamparado, han sido indiferentes ante esta violencia que nos acosa a diario y se nos hace presente cada vez más.

Frente a este caso, las autoridades que elegimos para que nos gobernaran vuelven a demostrar su incapacidad, su falta de interés en protegernos a nosotros los ciudadanos, sus electores y en consecuencia, no han tenido ni la intención de ofrecer soluciones para al menos tratar de controlar un poco la situación

Esto nos obliga a todos, como sociedad civil a organizarnos, en pro de nuestros derechos constitucionales, de nuestra libertad y nuestra paz, a actuar en un frente activo y fuerte, exigiendo de forma pacífica la presencia de las autoridades, el cumplimiento sin excusas ni dilación del principal deber que tienen que es proteger y defender nuestro derecho a la vida.

Estamos viviendo como ciudad, un momento duro, de los más difíciles, me atrevería a decir, es hora de luchar por nuestra paz, por nuestra libertad, por nuestros derechos….es el hora de demostrar de que estamos hechos.
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