Luis Alberto Buttó: Armas en el trópico

Luis Alberto Buttó @luisbutto3

 

En primer lugar, está el asunto teórico-conceptual vinculado con la comprensión del cómo y el porqué se alcanzan a lo interno de un país en específico determinados grados de desarrollo relativo y con el papel que en este sentido desempeñan las estructuras económica, científica y tecnológica, conformadas en dicha realidad nacional. Seguramente, el tema es ininteligible para muchos de quienes hoy controlan el poder en Venezuela y, quizás por ello, venga a bien la aclaratoria correspondiente. De hecho, si contaran con buenos o sinceros asesores al respecto, notas como la presente serían impertinentes, dado el caso que el problema estaría suficiente y adecuadamente resuelto.

Salvo en las potencias reales se puede alcanzar el autoabastecimiento de las necesidades generadas en materia de sistemas de armas. Para un país subdesarrollado como Venezuela, es simplemente imposible producir la totalidad y/o el grueso del armamento requerido en función de dar respuesta efectiva a sus concretas hipótesis de conflicto. Entre otros elementos de inexcusable consideración para entender la manera en que opera, la complejidad del aparato de investigación y desarrollo imprescindible para el funcionamiento de la industria armamentista y la magnitud de los capitales demandados en combinación con la largura de la temporalidad de la tasa de retorno de estos, advierten sobre el gigantesco desaguisado que significa llevar a cabo proyectos de este tipo en países atrasados. En buena medida, la industria armamentista montada en lares como estos nunca pasa de ser un fracaso estrepitoso.

En comparación, y para ilustrar el planteo con un pequeño ejemplo de cientos que podrían traerse a colación, con muchísimo menos recursos presupuestarios y menos ciencia, aunque ésta siempre debe ser de calidad, Venezuela podría producir todas las proteínas animales a ser consumidas por su gente y hasta exportar excedentes importantes a su natural área de influencia. Este último no es un sueño fantasioso, pero, desgraciadamente para el país, no es el sueño que a algunos les interesa. Sueño fantasioso sí lo es el de la producción de armas; quimera de mentes disparatadas que persisten en el camino del fracaso, vaya usted a saber los móviles verdaderos de tal insistencia. Obviamente, el fracaso referido es del país. Valga la puntualización, no vaya a ser que se malentienda el argumento.

En segunda instancia, está el asunto ético asociado con la producción de armas, dadas las particulares circunstancias que atraviesa el país. Empero, en este punto, es improcedente hacerse ilusiones, pues se sabe de antemano, coloquialismo de por medio, cuán tonto es pedirle peras al olmo. El viejo dilema configurado al tener que decidir entre destinar el dinero disponible para obtener pan y mantequilla u obtener balas y sub-ametralladoras, se potencia al máximo cuando la élite que decide privilegia el factor armas de la ecuación aun a sabiendas de que la sociedad está sumida en una crisis humanitaria compleja, por definición espantosa, la cual, huelga el recordatorio, es producto de la propia malevolencia de tal élite. En un país que es abandonado por millones de los suyos a pasos agigantados, un país donde la mayoría de los que quedan teme afrontar el día a día porque no hay manera alguna de que pueda resolverlo sin sufrimiento, no hay justificación alguna para estar produciendo armamento en vez de adquirir medicamentos. Queda claro que para quienes así proceden el dolor de la gente les importa un bledo. Bueno, decir lo anterior es redundar ex profeso: hace tiempo demostraron que para ellos la gente era descartable.

¡Duele escribir cuando la historia que se cuenta sólo alcanza para narrar los hechos de la irracionalidad!

@luisbutto3