Francisco Bello: Elecciones con Maduro vs Ayuda Internacional

He escuchado a algunos amigos (y a otros que no lo son tanto), asegurar, como si hablaran a diario con Trump y sus aliados, que solicitar ayuda internacional es inútil, que ese apoyo nunca llegará. Argumentan basados en una cantidad de suposiciones, que quizás sean ciertas, pero muy probablemente, no.

Proponen como alternativa un proceso electoral que se negocia en Noruega, previo al cese de la usurpación, en el que Maduro aceptaría medirse en condiciones razonablemente transparentes y Diosdado permitiría la disolución de la ANC para facilitar su realización. Aunque el planteamiento en sí mismo es suficientemente fantasioso, voy a permitirme abordar brevemente algunos pasos previos, absolutamente necesarios, para lograr condiciones mínimas que nos permitirían pensar en un proceso electoral:

Cambio profundo del CNE y del proceso en general: No se trata de cambiar un par de Rectores ni de remozar su fachada. Quienes hemos tenido la desagradable experiencia de conocerlo por dentro, sabemos que es necesario  hacer una limpieza general, que permita extinguir el enmarañado de vicios y trampas que hoy existen. Solo así es factible adoptar el voto manual, la revisión del REP que incluya una concienzuda  inclusión de la diáspora con la necesaria apertura de centros electorales en el exterior que permitan su eficaz participación; la reubicación de los centros electorales dentro del país que fueron modificados a conveniencia, el reacomodo de los circuitos electorales para dar el peso que realmente le corresponde al voto popular y establecer un método alternativo para la distribución y el cuidado del material electoral.

Cese de la usurpación del TSJ: Aunque existe un TSJ legítimo, nombrado por la Asamblea Nacional y reconocido por la comunidad internacional, quien ordena a las autoridades internamente, quien produce las decisiones que acatan los organismos de seguridad e impone (con o sin derecho) su voluntad, es el dirigido por Maikel Moreno. ¿Es posible pensar en unas elecciones cuando este ente tiene la facultad de decidir quiénes y cómo participan, inhabilitar en cualquier etapa del proceso e incluso, la capacidad de desconocer resultados, declarar la nulidad de unos comicios y hasta ordenar la proclamación de un candidato a pesar de que las actas revelen que no fue el triunfador? Yo le preguntaría a Andrés Velázquez y a los Diputados de Amazonas antes de responder esta interrogante.

Habilitación de las personas y de los partidos: No se puede participar con los candidatos que el régimen escoja, como tampoco con la exclusión de la gran mayoría de los partidos políticos que han sido suspendidos, eliminados o secuestrados. Lo contrario, sería aceptar, una vez más, una geometría electoral diseñada a la medida del chavismo.

Regreso de los medios de comunicación y libertad de prensa: No es posible siquiera pensar en unas elecciones transparentes y democráticas mientras el régimen tenga prácticamente el monopolio de los medios de comunicación; censure de tal manera a los pocos que sobreviven, que  decide las palabras que pueden o no utilizarse, los voceros que pueden ser entrevistados y los temas que pueden abordarse. Escoja los adjetivos y los títulos con que uno puede referirse a los actores, principalmente a Juan Guaidó y al propio Maduro y además, de manera deliberada, nos mantenga en las cavernas de la comunicación, restringiendo los medios alternativos y las redes sociales.

Pudiéramos incorporar muchos otros elementos, como la necesaria disolución de un poder “superior” como la ANC, que decide todo, sobre todo; la eliminación de las cadenas, la erradicación de la coacción a los empleados públicos y receptores de misiones, la creación de controles que eviten el uso del dinero del estado en las campañas electorales, en fin, son casi innumerables los abusos y atropellos que han ido corrompiendo la actividad electoral venezolana y que deben ser corregidos, sin embargo, los abordados en esta entrega son más que suficiente para concluir que es imposible conseguir condiciones mientras Maduro esté en Miraflores y si fuese posible, requeriría un tiempo que los venezolanos no tenemos.

Por otra parte, me cuesta creer que la comunidad internacional haya retirado su oferta de emplearse a fondo en la resolución del tema venezolano, que haya disminuido su apuesta, principalmente por lo mucho que los afecta directamente y el interés particular que puedan tener sus gobernantes en conseguir una solución. Maduro, el régimen en general, se ha convertido en un problema que trasciende nuestras fronteras y atañe a todo el hemisferio e incluso a buena parte del mundo.

Sin embargo, supongamos que me equivoco: ¿Qué daño puede hacer solicitar y/o aceptar la ayuda internacional? ¿Por qué se sataniza a quienes defienden opciones como el TIAR, el R2P y el 187/11 si en todo caso, estas colaboraran con la presión a lo interno del chavismo?

Caso contrario son las negociaciones como las de Noruega  y el despropósito que significa insistir en un proceso electoral que no se dará, porque regalan al régimen lo que tanto anhela: Tiempo, tranquilidad y desmovilización opositora, mientras matan de mengua a un pueblo que sufre, que padece y se desvanece en la espera.