Che Guevara, el guerrillero que encerró a cientos de homosexuales en campos de trabajo

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El Che Guevara / Foto de archivo – ABC

 

La revolución cubana orquestada por Fidel Castro logró algo que el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels anheló durante toda la Segunda Guerra Mundial: conseguir grabar a fuego una idea en la mente de la sociedad. Si el germano intentó (sin lograrlo) que el mundo viera a Adolf Hitler como el héroe que liberaría a Europa del yugo judío y de las viejas potencias europeas, los barbudos que se alzaron contra Fulgencio Batista hicieron -casi sin pretenderlo- que uno de sus guerrilleros más controvertidos, Ernesto Guevara, pasara a la historia como el símbolo del buen y racional combatiente. Tanto es así que, en la actualidad, su semblante luce orgulloso en cientos de miles de camisetas de jóvenes y mayores. La realidad, sin embargo, es que poco tenía el Che de santo (y mucho de asesino).

Por: ABC

Pero los símbolos es lo que tienen, que es imposible extirparlos a golpe de realidad histórica una vez que se han introducido en el imaginario colectivo. El ejemplo de ello fue la pasada celebración del Día del Orgullo Gay, donde pudo verse a varios manifestantes luciendo camisetas con la cara del Che. Un error histórico sonrojante ya que, a pesar de lo que narra el mito, Guevara cargó en repetidas ocasiones contra los homosexuales al considerarles contrarios a su ideal de «hombre nuevo» (aquel que debía alzarse sobre el resto tras la revolución). Por si fuera poco, el guerrillero llegó a tildarles de «pervertidos sexuales» y, con la ayuda del también homófobo declarado Fidel Castro, les persiguió y les internó en campos de trabajo.

Revolución contra los homosexuales

Entender el odio que la revolución cubana exudaba contra los homosexuales requiere retroceder en el tiempo hasta el siglo XIX. Así lo afirma Carlos Tejo Veloso (Vicedecano de Relaciones Internacionales de la Universidad de Universidad de Vigo) en su dossier «Nadando contra corriente: práctica artística y homosexualidad en la Cuba contemporánea». En sus palabras, los «grandes próceres de la patria» cubana contribuyeron a construir «un modelo de héroe asociado a un viril estereotipo de ideal masculino». El mismo del que, poco después, bebieron Castro y Guevara. Uno de los primeros fue el escritor y político José Martí, quien, en su obra «Nuestra América», identificaba al «homosexual con un ser afeminado incapaz de construir una nación y lo definía como un inservible detritus del materialismo moderno».

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