Laureano Márquez: Carta a Sanders

Laureano Márquez: Carta a Sanders

 

Ni tan dear, Sir:





Naturalmente que enseñar a leer y escribir a la gente es una de las más loables tareas que puede emprender el ser humano y tendría que ser una obligación del Estado y no una concesión graciosa de su parte. ¿Recuerdan aquello de: “Venezuela necesita de tu ayuda, ACUDE, te estamos esperando”?, una pegajosa campaña publicitaria que algunos, cédula en piso, no habrán olvidado y que se realizó en todo el país para combatir el analfabetismo. Uslar decía en esa campaña: “…Enseñar a leer es como libertar a un prisionero, libertarlo de la más horrible prisión: la de la ignorancia y el atraso y poner en sus manos la llave que abre la puerta que lleva al saber y la prosperidad”.

Así como es nobilísima tarea de la alfabetización -decía Martí: “saber leer es saber andar”-, es una terrible crueldad enseñar a leer para luego prohibir a la gente que camine. En Cuba, por ejemplo, hay muchos libros que no pueden ser leídos, entre ellos, numerosos de autores cubanos. Curioso: un gobierno que alfabetiza pero teme a los libros. Por tal razón la defensa que usted hace del régimen de Fidel Castro por su plan de alfabetización no deja de llamar la atención. Es habitual en el doble rasero que caracteriza a lo que en estos tiempos suele denominarse el “pensamiento progresista”, segun el cual Hitler y Mussolini fueron unos crueles asesinos, pero Stalin y Mao (que tienen más muertes en su haber), no. Cuando se analizan los crímenes de la Guerra Civil española, algunos solo tienen “memoria histórica” para los de Franco.

“Estamos en contra de la naturaleza autoritaria de Cuba, pero es injusto decir que todo es malo”, dice usted, Mr. Sanders. Le cuento: una maestra en Buenos Aires dijo sobre Hitler: “No niego que haya matado gente, pero favoreció el desarrollo de la industria y el transporte, generó el pleno empleo, aumentó el gasto público” (salvo lo de los asesinatos, el resto de la enumeración parece ser de cosas “buenas”). Esta maestra, fue grabada por un alumno y el comentario, que minimizaba -además- el holocausto y justificaba el odio a los judíos, le costó ser deshabilitada de la enseñanza, con toda razón, dicho sea de paso: la defensa de criminales no parece una buena estrategia para cultivar el alma de quienes se están formando y ven en sus maestros un líder con “auctoritas”.

Mussolini, Mao, Stalin, Franco, Pinochet, Gadafi e incluso el recién fallecido Mubarak, hicieron sin duda “cosas buenas”, pero algunos nunca diríamos de ellos una frase como la que usted dice de Fidel. Cuando un régimen es criminal, viola los derechos humanos y acaba con la democracia y la libertad, no cabe el decir “que no todo es malo”, porque lo malo es demasiado malo y lo bueno solo es verdaderamente bueno cuando está orientado a una noble finalidad, que en un sistema político no puede ser otra que la democracia, la libertad, la defensa de los derechos humanos y el avance material y espiritual de la gente. Alfabetizar para la lectura libre, no solo para adoctrinar o crear industrias para el progreso de los pueblos, no para fabricar armas que los aniquilan. Llenarlos de cultura no para encarcelarlos cuando piensen con criterio propio.

Sin más a que hacer referencia, le saluda atentamente,

Laureano Márquez P.